Libro 2: Donde el Ruido se hace Silencio Cap.5 Pag.9


Capítulo 5: Travesía en el Océano de los Sueños


Tras el pacto silencioso de sus manos entrelazadas, cada uno regresó a su hogar con el peso del pasado aún fresco en la piel. Sin embargo, cuando el reloj de pared marcó las doce de la noche, el silencio de la habitación de Joel se volvió ensordecedor. El amor que sentía por Kaelia había crecido tanto que, como una hiedra, empezó a enredarse en sus inseguridades más profundas. Joel, que ya sabía lo que era ser abandonado sin explicaciones, comenzó a ser presa de un temor nuevo: un instinto protector que rozaba el miedo a la pérdida. En la oscuridad de su cuarto, Joel libró una batalla feroz contra su propia mente. Una parte de él le susurraba que Kaelia era su hogar y que ella jamás lo traicionaría; pero la otra, nacida del vacío de estar solo, le sembraba dudas venenosas. ¿Y si Kaelia encuentra a alguien mejor? ¿Y si me oculta su cansancio para no herirme? Se sentía un traidor por dudar, pero el miedo era una sombra que no podía disipar. Entre el deseo de confiar ciegamente y la necesidad de proteger lo único que le daba sentido a su vida, el agotamiento físico finalmente lo venció, arrastrándolo a un sueño que no traería descanso. Su primer sueño fue una pesadilla vívida. Se encontraba en los pasillos de la escuela, pero las paredes eran infinitas y las puertas no tenían manijas. Buscaba a Kaelia desesperadamente, gritando su nombre hasta desgarrarse la garganta. La divisó al final de un corredor iluminado, pero justo cuando estaba por alcanzarla y ver con quién hablaba ella, el suelo desapareció bajo sus pies y despertó de golpe, bañado en sudor. Solo habían pasado cinco minutos. "Fue solo un sueño", se dijo, intentando calmar su pulso acelerado, pero al cerrar los ojos de nuevo, la mente lo llevó a territorios aún más extraños. Primero, se vio en un teatro vacío donde Kaelia actuaba en el escenario; ella le sonreía, pero sus ojos eran de cristal y su voz sonaba como un eco vacío, como si estuviera fingiendo una felicidad que no sentía. Luego, soñó que estaban en un campo de flores rojas y moradas, pero cada vez que él intentaba tocar su mano, ella se convertía en pétalos que el viento se llevaba, dejándolo solo con una carta sin firma entre los dedos. Finalmente, se encontró en una cena formal con la familia de ella; todos reían, pero Kaelia le hablaba en un idioma que él no podía entender, como si de repente se hubieran vuelto extraños compartiendo una misma mesa. Despertó una vez más, justo antes de que la verdad de los sueños lo golpeara, con el corazón roto por imágenes que no habían sido reales.