Libro 2: Donde el Ruido se hace Silencio Cap.5 Pag.10


Capítulo 5: Travesía en el Océano de los Sueños


Al amanecer, Joel llegó al instituto arrastrando los pies, con ojeras profundas que delataban su noche de tortura mental. Al ver a Kaelia, la preocupación en su rostro era tan evidente que ella no necesitó preguntar nada. Joel, con la voz debilitada por el insomnio, le confesó lo sucedido: los sueños, las dudas y ese miedo irracional a que la historia se repitiera. Kaelia, sin decir una palabra, lo envolvió en un abrazo cálido y protector. Por un momento, Joel apoyó la cabeza en su pecho, cerrando los ojos y sintiéndose tan seguro que estuvo a punto de quedarse dormido allí mismo. Sin embargo, su mente volvió a traicionarlo. ¿Le molestará que sea tan débil? ¿Estaré siendo una carga para ella?, pensó. Rápidamente se incorporó, forzando una postura de estudio y tratando de actuar como si todo estuviera bajo control. Pasaron el día entre pergaminos y libros, como cualquier otro día de estudio, pero la chispa de Joel estaba apagada. Aunque Kaelia intentaba animarlo con pequeñas notas y sonrisas, él sentía que su "rival interno" [ese lado sobreprotector y ansioso] se hacía cada vez más grande. Al regresar a su casa esa tarde, la soledad volvió a potenciar sus miedos. Se dio cuenta de que amar a alguien de verdad también significaba vivir con el temor constante de perder ese tesoro. Su instinto protector no solo quería cuidarla de los peligros externos, sino también de cualquier posibilidad de que ella dejara de amarlo. Se sentó en el suelo de su habitación, rodeado por el silencio de la tarde, y no pudo contenerse más. Joel rompiendo en un llanto amargo y silencioso. No lloraba por tristeza, sino por la intensidad de un amor que lo desbordaba y lo asustaba. En su mente solo había espacio para una persona; no quería amigos, no quería distracciones, no quería a nadie más en su mundo que no fuera Kaelia. Pero el miedo a que ese mundo único fuera destruido por el pasado o por sus propias inseguridades lo dejó vulnerable, con su respiracion corta y rapida, ante la idea de un futuro donde ella no estuviera, su corazón palpitó mas fuerte aferrándose al deseo de que ese amor sincero fuera suficiente para vencer a las sombras de su propia mente.